Mi vida empezó hace ya 26 años, un 12 de noviembre.

Ese día mis padres se enteraban que iban a tener una hija con mielomeningocele, espina bífida e hidrocefalia y su vida cambiaría para siempre. Me bautizaron Daniela María Sofía. Esta es mi historia de vida y quiero compartirla con todos ustedes.

Mis padres, Alejandro y Claudia, hicieron y hacen todo lo que está a su alcance para que yo pueda tener la vida que tengo.

 Plena y colmada de proyectos y metas por cumplir, a pesar de cualquier limitación.

Actualmente me encuentro cursando el 3er año de la Lic. En RRPP e Institucionales (UADE) y trabajando en esa misma casa de estudios, desempeñándome como una integrante más del equipo de Comunicación Interna de la Dirección de Relaciones Institucionales y Estudiantiles.

¿Qué les puedo decir? Siento que encontré mi lugar. Fue duro el camino pero lo logré.

Me crucé con personas más abiertas que otras, con gente que me discriminó y me excluyó de búsquedas laborales, y afortunadamente también con personas que creyeron en mí, en mis potenciales y me dieron oportunidades para demostrarlo. Agradezco haber vivido todas esas pruebas y haber atravesado todos esos obstáculos, porque sin duda, uno está donde debe estar. En el momento y lugar indicados.

Me encuentro viviendo una gran experiencia, la cual agradezco y aprovecho diariamente. Aprendo cada día un poco más gracias a la generosidad de los que me rodean y voy construyéndome como la futura profesional que algún día quiero llegar a ser.

La discapacidad para mí nunca fue una limitación ni una traba, al contrario. Siempre la tomé como un desafío. Como un desafío personal, que intento vencer a diario demostrándome que puedo y un desafío social, intentando con mi granito de arena, demostrarle a las demás personas y a los jóvenes con alguna discapacidad, que se puede! Siempre se puede!

Se trata de confiar en uno mismo y tener ganas de salir adelante.

A cada persona que se me cruza en el camino siempre le digo lo mismo, “si vine a este mundo, es porque mi misión es hacer algo, ser alguien, no me pienso quedar lamentándome por nada… al contrario, voy a vivir al máximo siempre”.

Cada día es una nueva oportunidad y no hay que dejarla pasar, nunca.

Muchas veces las personas que nos rodean, nos perciben con una mira compasiva ante la situación física que nos toca enfrentar… Es obligación nuestra como personas con discapacidad, demostrarles que están equivocados. Que no nos tienen que tener lástima ni mucho menos. Somos personas como cualquiera, con una vida un poco diferente pero con las mismas ganas de vivir y de progresar que cualquiera de nuestra misma edad.

La clave está en no dejarlo de intentar jamás.

Y esta es mi vida, una oportunidad diaria de ir  hacia adelante, rodeada de una gran familia que siempre me brindó su apoyo y acompañó incondicionalmente, y motivada por unas incansables ganas de no quedarme nunca estancada, apostando siempre a ir por más.

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