Cómo diseñar tecnología con (y no para) las niñas

Cómo diseñar tecnología con (y no para) las niñas

Existe un mantra poderoso en el movimiento por los derechos de las personas con discapacidad: “Nada sobre nosotras sin nosotras”. Sin embargo, en la industria tecnológica, a menudo operamos bajo la premisa de “constrúyelo y ellos vendrán”. Diseñamos soluciones en el vacío, basándonos en hipótesis, y luego nos sorprendemos cuando nuestros productos no resuenan con las comunidades marginadas. Hablaremos en este artículo sobre creación inclusiva con niñas con discapacidad.

Para crear soluciones digitales que realmente sirvan a las niñas y jóvenes con discapacidad, debemos desmantelar la jerarquía tradicional del diseñador y el usuario. Ellas no son solo beneficiarias pasivas; son las expertas de su propia situación. Su experiencia vivida es un dato insustituible que ninguna investigación de mercado secundaria puede replicar.

 

Consultas que transforman, no que adornan

Incluir a niñas con discapacidad en las consultas es obligatorio, no opcional. Pero cuidado: existe una gran diferencia entre la inclusión genuina y el “tokenismo” (hacer algo simbólico solo para cumplir). Las consultas deben ser empoderadoras, seguras y respetuosas, fomentando un diálogo significativo.

Si se implementa bien, este compromiso hace más que mejorar el producto: le da voz a las niñas, las hace sentir valoradas y aumenta su autoconfianza. Imaginemos el impacto psicológico en una niña que ha sido marginada socialmente al darse cuenta de que su opinión es vital para construir una herramienta global. Eso es tecnología con propósito.

Un punto crucial es la dinámica de poder con los cuidadores. A menudo, los niños con discapacidad requieren la asistencia de un cuidador para participar. Sin embargo, es vital que la opinión de la joven sea escuchada y no eclipsada por la del adulto. El diseño debe centrarse en su experiencia, no solo en la interpretación que sus padres tienen de ella.

 

La logística de la empatía: Organizando eventos accesibles

Decir que haremos una consulta inclusiva es fácil; ejecutarla requiere una planificación logística meticulosa. Ya sea una reunión en línea o presencial, debemos ser conscientes de que cada participante puede tener necesidades de adaptación diferentes.

Para eventos en línea, la flexibilidad es clave. El reporte sugiere prácticas concretas como permitir opciones flexibles de cámara, desactivar el chat si causa distracciones, proporcionar las diapositivas con antelación y activar subtítulos. Para eventos presenciales, la seguridad y la accesibilidad física son innegociables: el lugar debe estar libre de escalones y tener baños adaptados para personas con movilidad reducida.

A veces, la mejor estrategia es reducir la escala. Los grupos focales pequeños o las entrevistas 1 a 1 pueden ser mucho más efectivos logísticamente y menos abrumadores para las participantes, especialmente si se agrupan por tipo de deficiencia similar para facilitar la comunicación.

 

Comunicación adaptada: Simplificar para conectar

El modo en que nos comunicamos durante estas sesiones debe adaptarse a la audiencia. No podemos usar la jerga corporativa estándar. Los formatos de discusión pueden necesitar simplificación, permitiendo respuestas de sí/no o señalando opciones.

Debemos estar preparados con formatos accesibles: braille, letra grande con alto contraste (mínimo fuente 12), audio y descripciones de texto alternativo para las imágenes. Además, si se requiere interpretación de lenguaje de señas, el reporte aconseja algo fundamental: utilizar un intérprete independiente en lugar de un miembro de la familia, ya que los familiares pueden filtrar o alterar las respuestas, intencionadamente o no.

 

Salvaguardas y consentimiento

Finalmente, no podemos ignorar la vulnerabilidad. Debemos garantizar el consentimiento libre e informado de las niñas y sus cuidadores antes de cualquier consulta. Deben entender los objetivos, su papel, los riesgos y su derecho a retirarse en cualquier momento. Además, es esencial tener medidas de salvaguarda para protegerlas de daños, especialmente en situaciones donde la confidencialidad podría estar en riesgo, como durante la traducción o interpretación.

 

La co-creación no es un paso extra en el diagrama de Gantt; es el cimiento de la legitimidad del producto. Si no estamos dispuestos a adaptar nuestras reuniones, nuestros horarios y nuestros métodos de comunicación para escuchar a estas niñas, ¿realmente tenemos derecho a decir que estamos diseñando para ellas? La inclusión real es incómoda para el status quo, y eso es exactamente lo que la hace necesaria.

Cómo diseñar tecnología con (y no para) las niñas

Ropa interior, ortesis y cuerpo: una intimidad en disputa para las personas con discapacidad

Lo que no se ve, también importa

La inclusión muchas veces se piensa desde lo público: rampas, transporte, empleo, escuela. Pero ¿qué pasa con lo más íntimo? Ropa interior, ortesis y contacto directo con el cuerpo son territorios donde la exclusión también deja marcas. Prendas que raspan, elásticos que cortan la circulación, ortesis mal adaptadas, ropa que no se puede poner o sacar sin ayuda. Todo eso sucede donde nadie mira, pero afecta directamente la dignidad, la autonomía y la comodidad cotidiana de millones de personas con discapacidad.

Este artículo propone hablar de lo que casi no se habla: la relación entre el cuerpo y la ropa íntima, no desde la vergüenza ni desde el tabú, sino desde el derecho a habitar el cuerpo sin dolor, sin incomodidad y sin barreras impuestas por el diseño normativo.

Cuando la ropa interior es una barrera

Para muchas personas con discapacidad, la ropa interior estándar es un obstáculo diario. Los problemas son múltiples:

  • Telas abrasivas o costuras gruesas, especialmente difíciles para personas con hipersensibilidad táctil o sensibilidad alterada por prótesis, catéteres o cirugía.

  • Talles reducidos y sin elasticidad funcional, que no contemplan cuerpos diversos, ortesis o dispositivos médicos.

  • Diseños difíciles de manipular para personas con movilidad limitada en manos, brazos o caderas.

  • Modelos sexualizados o infantilizados, sin opciones funcionales y dignas al mismo tiempo.

En resumen: lo íntimo también puede excluir. Y el cuerpo, en su intimidad más pura, merece respeto.

Ortesis y dispositivos: diseñar con el cuerpo, no contra él

Ortesis, fajas, corsés, férulas o sistemas de soporte corporal son fundamentales para muchas personas. Sin embargo, estos dispositivos suelen diseñarse desde una lógica clínica, no humana: priorizan la funcionalidad ortopédica sin considerar el confort, la estética ni el deseo de la persona que lo usa.

Esto genera incomodidad constante, dolor o incluso lesiones por uso prolongado. Además:

  • Complican el uso de ropa interior convencional, al no integrarse bien con calzones, sujetadores o camisetas.

  • No consideran la estética o el deseo, reforzando la idea de que un cuerpo con ortesis no puede ser sensual, cómodo o deseable.

  • Dificultan la autonomía, al necesitar asistencia para poner o sacar prendas que pasan por encima o debajo del dispositivo.

Diseñar ortesis con perspectiva de accesibilidad y co-creación es urgente. Pero también lo es pensar en ropa interior compatible con ellas, que no invada, no presione, no lastime.

El derecho al cuerpo cómodo, al cuerpo íntimo, al cuerpo propio

Vestirse es un derecho. Pero vestirse por dentro —cuidar la piel, el contacto, el roce, el descanso del cuerpo— también debe serlo. Tener acceso a ropa interior adecuada, ortesis bien diseñadas y textiles que abracen en vez de dañar es parte de una vida con dignidad.

Esto implica:

  • Incluir personas usuarias reales en el diseño de estas prendas.

  • Acceso económico a ropa funcional: no puede ser un privilegio.

  • Que la estética no se contraponga a la comodidad.

  • Que lo médico no borre lo íntimo.

La autonomía no se juega solo en la calle: se construye también al vestirse y desvestirse sin dolor ni vergüenza.

El diseño inclusivo también puede ser bello, deseante, afirmativo. No se trata solo de cubrir el cuerpo, sino de habitarlo en plenitud. ¿Qué piensas de esto? ¡Dejanos tu comentario! Te invitamos a leer nuestro artículo: Lancôme presenta HAPTA: tecnología de maquillaje para personas con discapacidad motora

¿Qué es el “crip time” y por qué es importante hablar del tiempo en discapacidad?

¿Qué es el “crip time” y por qué es importante hablar del tiempo en discapacidad?

Tiempo normativo vs. tiempo real

En una sociedad que valora la rapidez, la productividad constante y los plazos ajustados, se suele asumir que todas las personas pueden moverse, responder, aprender o trabajar al mismo ritmo. Sin embargo, esta expectativa está basada en un modelo normativo de tiempo que no contempla las realidades de quienes viven con discapacidad.

Hablar de “crip time” (literalmente, “tiempo crip”, una resignificación del término cripple en inglés) es poner en cuestión esa lógica dominante. Es reconocer que muchas personas con discapacidad experimentan el tiempo de formas distintas y que esas diferencias no deben ser vistas como fallas, sino como parte legítima de la diversidad humana.

¿Qué es el “crip time”?

El concepto de “crip time” surge desde los activismos y estudios críticos de la discapacidad. Propone una forma alternativa de entender el tiempo, más flexible, más humana y adaptada a los cuerpos y mentes diversas. Lejos de la idea de que “llegar tarde” o “tomar más tiempo” es un problema, el crip time afirma que cada persona necesita tiempos distintos para descansar, recuperarse, desplazarse, procesar información, expresarse o completar tareas.

El crip time no es un privilegio ni una concesión. Es un derecho a vivir de acuerdo con el propio ritmo, sin ser penalizado por ello. Implica desarmar el ideal de “normalidad” en el uso del tiempo y promover contextos sociales, educativos y laborales que se adapten a los cuerpos reales.

¿Por qué es importante visibilizarlo?

Muchas personas con discapacidad viven con dolor crónico, fatiga, alteraciones sensoriales, dificultades de movilidad o condiciones de salud mental que exigen pausas, cambios de ritmo o tiempos extendidos. A menudo, sin embargo, deben esforzarse por encajar en sistemas que no contemplan estas realidades, lo que genera estrés, exclusión o deterioro de la salud.

Hablar de crip time es dar valor a la experiencia vivida de quienes no pueden —ni quieren— seguir el ritmo acelerado del mundo productivo. Es reconocer que las rutinas lineales, los horarios rígidos y las métricas estandarizadas excluyen a muchas personas. Y es también una forma de resistencia: decir que la vida no tiene un solo compás válido.

Crip time en el trabajo y la educación

En el ámbito laboral, aceptar el crip time implica ofrecer flexibilidad horaria, permitir pausas para autorregularse, brindar tiempos extendidos para realizar tareas o modificar objetivos sin penalizar a quienes necesitan adaptar su jornada.

En la educación, significa reconocer que no todas las personas aprenden o rinden evaluaciones al mismo ritmo. Requiere ajustes razonables en plazos, entregas, métodos de evaluación y modos de participación.

Incorporar esta perspectiva permite construir espacios más inclusivos, donde todas las personas puedan aportar desde sus posibilidades reales, sin tener que “disfrazar” sus tiempos para ser aceptadas.

¿El crip time solo aplica a personas con discapacidad?

Aunque el concepto surge desde y para la comunidad con discapacidad, muchas reflexiones que aporta benefician a toda la sociedad. ¿Quién no ha sentido que el ritmo impuesto es inhumano? ¿Quién no ha necesitado más tiempo para adaptarse, aprender o simplemente descansar?

El crip time nos invita a imaginar una cultura del tiempo más amable, donde se valore la pausa, el cuidado, la escucha y la adaptación mutua. Una cultura donde el tiempo no sea un castigo, sino una herramienta para vivir mejor.

¿Te sentiste alguna vez presionada o presionado por no poder seguir el ritmo “esperado”? ¿Conoces a alguien que viva el tiempo de otra forma? ¡Dejanos tu comentario! Te invitamos a leer nuestro artículo Sesgos inconscientes en entrevistas laborales: cómo reconocerlos y enfrentarlos

Cómo solicitar ajustes razonables en exámenes de ingreso universitario

Cómo solicitar ajustes razonables en exámenes de ingreso universitario

Acceso justo a la educación superior

Acceder a la universidad representa un hito importante en la vida de muchas personas. Sin embargo, para quienes viven con alguna discapacidad o condición que afecta su desempeño en entornos tradicionales, este proceso puede presentar barreras si no se implementan medidas de accesibilidad adecuadas. Los ajustes razonables en los exámenes de ingreso son una herramienta fundamental para garantizar la igualdad de condiciones y promover una educación verdaderamente inclusiva.

¿Qué son los ajustes razonables?

Los ajustes razonables son modificaciones específicas que buscan eliminar obstáculos en el entorno o en la metodología de evaluación. No se trata de otorgar ventajas, sino de asegurar que todas las personas puedan demostrar sus conocimientos en igualdad de condiciones.

Estas adaptaciones pueden aplicarse en el contenido, el formato, la duración o los recursos disponibles durante el examen, y responden a las necesidades individuales de la persona que los solicita.

¿Quién puede solicitarlos?

Pueden hacerlo todas aquellas personas que enfrentan barreras debido a una discapacidad o condición de salud que impacta su forma de rendir un examen. Esto incluye, entre otras:

  • Personas con discapacidad sensorial (visual, auditiva).

     

  • Personas con discapacidad motriz.

     

  • Personas neurodivergentes (autismo, TDAH, dislexia, etc.).

     

  • Personas con trastornos de ansiedad, epilepsia u otras condiciones médicas.

     

  • Personas con enfermedades crónicas o temporales. 

Ejemplos de ajustes razonables en exámenes

Los ajustes pueden variar según el contexto institucional y las necesidades particulares. Algunos ejemplos frecuentes incluyen:

  • Más tiempo para responder.

     

  • Exámenes en formatos accesibles (braille, lectura fácil, letra ampliada).

     

  • Lectura oral o intérprete de lengua de señas.

     

  • Realizar el examen en un espacio tranquilo o con pausas programadas.

     

  • Uso de tecnología asistiva, como lectores de pantalla o teclados especiales.

     

  • Responder de forma oral o con asistencia tecnológica, según corresponda.

     

¿Cómo se solicita un ajuste razonable?

1. Consultar plazos y requisitos

Las universidades suelen establecer un período específico para presentar solicitudes de ajustes. Es importante consultar con antelación en la página oficial o comunicarse con el área de bienestar estudiantil, inclusión o admisiones.

2. Reunir la documentación

Generalmente se requiere un informe profesional (médico, psicológico o pedagógico) que explique la necesidad de los ajustes y recomiende cuáles son apropiados para la persona solicitante.

3. Presentar la solicitud formal

Esta puede hacerse por correo electrónico, a través de un formulario en línea o en persona. Debe incluir los datos personales, la descripción de la condición y la propuesta de ajustes. Es clave que el pedido sea claro, concreto y respetuoso.

4. Hacer seguimiento

Es recomendable confirmar la recepción del pedido y solicitar respuesta dentro de los plazos previstos. En algunos casos, se puede solicitar una entrevista con el área encargada para explicar con mayor detalle la necesidad de los ajustes.

¿Qué hacer si no se otorgan los ajustes?

Si la universidad no responde, rechaza sin justificación o no brinda los ajustes solicitados, existen varias opciones:

  • Solicitar una revisión del caso.

     

  • Presentar un reclamo ante defensorías universitarias o entes de educación.

     

  • Contactar organizaciones que defienden los derechos de las personas con discapacidad.

     

La educación es un derecho, y los ajustes razonables están respaldados por marcos legales nacionales e internacionales.

Por qué visibilizar este derecho es fundamental

Muchas personas no solicitan ajustes por desconocimiento, miedo al estigma o falta de información. Es importante comprender que pedir un ajuste no es un privilegio ni un favor: es ejercer un derecho.

Normalizar estos pedidos contribuye a desarmar prejuicios, mejorar los sistemas de admisión y construir universidades que valoren la diversidad como un activo.

Solicitar ajustes razonables en los exámenes de ingreso universitario es una herramienta clave para garantizar la equidad y la inclusión en el acceso a la educación superior. Con información clara, respaldo profesional y un enfoque respetuoso, es posible superar las barreras que todavía persisten.

Promover estos derechos no solo beneficia a quienes los ejercen, sino que fortalece el compromiso de las instituciones con una sociedad más justa, plural y accesible. 

Las recomendaciones y ejemplos presentados en este artículo son orientativos y pueden variar según cada país, universidad o sistema educativo. Los procesos de admisión no son idénticos en todas las instituciones, por lo que siempre es fundamental revisar los procedimientos locales y evaluar cada caso en particular para determinar los ajustes razonables más adecuados según la normativa vigente y las necesidades de la persona solicitante. 

¿Conoces a alguien que haya solicitado ajustes razonables para rendir un examen? ¿Tuviste alguna experiencia similar en el ingreso a la universidad? ¡Dejanos tu comentario!  Te invitamos a leer nuestro artículo ¿Qué son los ajustes razonables? 

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Viajar con silla de ruedas eléctrica: consejos, destinos y desafíos en aeropuertos

Enfrentar un viaje en avión con una silla de ruedas eléctrica requiere planificación, conocimiento normativo y comunicación clara con la aerolínea. Con más de 1 000 millones de personas en el mundo que viven con discapacidad, la autonomía en los desplazamientos es clave para la inclusión social y laboral. Las regulaciones internacionales—como las contenidas en las Instrucciones Técnicas de la OACI y el Reglamento (CE) 1107/2006—protegen el derecho a transportar equipos de movilidad sin costo adicional, siempre que se cumplan ciertos requisitos de seguridad y notificación previa. A continuación, te ofrecemos una guía empática, informativa y cercana con consejos prácticos, procedimientos aeroportuarios, destinos amigables y los principales desafíos al viajar con una silla de ruedas eléctrica.

Planificación previa: más allá de la reserva

Viajar con una silla de ruedas eléctrica comienza mucho antes de llegar al aeropuerto. El primer paso consiste en recabar toda la información técnica de la silla: peso, dimensiones y tipo de batería (litio o plomo-ácido). Las baterías de litio están sujetas a límites de capacidad establecidos por IATA: hasta 300 Wh cuando van instaladas y máximo 160 Wh por batería suelta en la cabina. Notificar estos datos a la aerolínea al menos 48 horas antes del vuelo facilita la aprobación y evita sorpresas de última hora.

Es esencial comparar las políticas de diferentes compañías aéreas, ya que algunas pequeñas pueden tener restricciones más estrictas sobre baterías o dimensiones de equipos de movilidad. Asimismo, verificar si ofrecen transporte de la silla en bodega sin cargo extra o si permiten el embarque en cabina en vuelos regionales contribuye a elegir la opción más cómoda.

Gestión de la batería: seguridad ante todo

Las baterías de las sillas eléctricas se consideran mercancías peligrosas y su transporte debe cumplir las normas del IATA Dangerous Goods Regulations. Para su traslado en bodega con baterías instaladas, se exige aislar los circuitos eléctricos según las instrucciones del fabricante y asegurar la silla con correas para evitar movimientos durante el vuelo.. Las baterías extraíbles de hasta 160 Wh pueden ir en la cabina tras aislar los terminales y protegerlos contra cortocircuitos..

Llevar la documentación técnica de la batería—incluido el certificado UN38.3 para baterías de litio—permite al personal de tierra verificar rápidamente que se cumplen los requisitos de seguridad. Empaquetar las baterías de repuesto en bolsas contra impactos y asegurarlas en un lugar accesible agiliza los controles de seguridad.

Procedimientos en el aeropuerto: paso a paso

Al llegar al aeropuerto, identifica la fila de asistencia especial y comunica al personal que viajarás con silla de ruedas eléctrica. Solicitar un carrito asistido (a veces denominado “wheelchair transfer”) permite trasladarte desde la entrada hasta la puerta de embarque de manera cómoda. Durante el check‑in, el agente etiquetará tu silla con un distintivo especial que facilitará su identificación y manejo.

En el control de seguridad, explica al personal cómo inspeccionar la silla sin dañarla. A menudo separan la batería extraíble para escanearla por separado y luego vuelven a acoplarla siguiendo tus indicaciones. Mantener comunicación constante evita malentendidos y protege los componentes delicados.

Embarque, vuelo y desembarque

Al embarcar, se te ofrecerá un traslado hasta la puerta del avión, donde tu silla quedará en bodega. Para reducir el estrés, solicita que te expliquen el punto exacto de recogida en destino—puede ser en la pista o en la cinta de equipaje—y planea al menos una hora extra tras el aterrizaje para esperar su devolución. . En vuelos cortos, algunas aerolíneas permiten llevar la silla eléctrica en cabina si cabe en el espacio destinado al equipaje de mano, siempre que sus dimensiones y peso lo permitan.

Si viajas con acompañante, coordina su apoyo para asistir en el montaje y desmontaje de la silla al llegar. Llevar herramientas básicas en el equipaje de mano ayuda a solucionar ajustes menores sin depender de personal ajeno.

Aeropuertos y destinos amigables

Al planear tu ruta, vale la pena considerar aeropuertos con infraestructura inclusiva. Madrid‑Barajas dispone de itinerarios sin escalones, ascensores amplios y mostradores adaptados; Miami International ofrece atención especializada y salas de descanso sensorial; Ámsterdam Schiphol ha implementado trenes de enlace accesibles y zonas de recarga para sillas eléctricas . Estos recintos están a la vanguardia de la accesibilidad y garantizan un tránsito más fluido.

Para destinos turísticos, ciudades como Barcelona, Vancouver y Singapur cuentan con transporte público adaptado, hoteles con habitaciones accesibles y servicios de alquiler de sillas eléctricas de reemplazo, lo que amplía tus opciones si surge algún imprevisto.

Desafíos persistentes y cómo superarlos

A pesar de los avances, aún existen barreras. Uno de los problemas frecuentes es el daño en bodega; usar fundas rígidas o maletas especiales para sillas eléctricas reduce los riesgos y protege los mecanismos de dirección y frenado . Las demoras en la entrega también son comunes: mantener una comunicación abierta con el personal de la aerolínea y conocer el punto de entrega en destino atenúa la espera.

En aeropuertos pequeños, la falta de carritos especializados o ascensores reduce la autonomía. En esos casos, contactar con antelación a empresas de asistencia privada garantiza que dispongan del equipo necesario. Asimismo, elegir vuelos directos minimiza manipulaciones y simplifica la logística.

Consejos finales para un viaje exitoso

La clave para viajar sin contratiempos con una silla de ruedas eléctrica reside en la información y la anticipación. Llevar una tarjeta con instrucciones de desconexión y reconexión de la batería, fotografiar el estado de la silla antes del vuelo y guardar copias digitales de certificados médicos y manuales de usuarios en la nube son medidas que protegen tus derechos y agilizan las reclamaciones en caso de daños.

Viajar con una silla eléctrica no solo es posible, sino que, con la preparación adecuada, puede ser tan cómodo y placentero como para cualquier otra persona. Planifica con cuidado, confía en las regulaciones que te amparan y da la información adecuada para su correcto manejo y cuidado.

¿Qué experiencias has vivido viajando con tu silla de ruedas? ¡Dejanos tu comentario! Te invitamos a leer nuestro artículo: Turismo Accesible: Barreras y estrategias para su implementación