Sin duda, uno de los mayores temores de las personas que están a punto de entrar a una entrevista laboral es la exposición a preguntas difíciles o incómodas. Algunas serán directas y concisas, otras un pocos más amplias; algunas buscarán testear tus habilidades y otras tendrán como finalidad analizar tu respuesta frente a situaciones en las que no te encuentras cómodo.

En primer lugar, es importante detectar rápidamente el tipo de entrevista en la que estamos participando.  La categoría más común es la entrevista de comportamiento, donde los entrevistadores buscarán indagar en tu pasado para determinar si estás listo para asumir determinadas responsabilidades en el futuro. Consignas del tipo “cuéntame sobre un problema complicado que tuviste que resolver” son muy comunes. Aquí la clave es contar una historia que resalte nuestras habilidades y que tenga un resultado positivo. No hay necesidad de ser breve en la respuesta; a más detalles, más interesante y creíble será. Siempre es recomendable utilizar el formato Situación-Acción-Resultado.

Otra línea de preguntas intentará incomodarte, buscando analizar tu comportamiento en estas situaciones de presión. Requieren de pensamiento y respuesta rápida. Es importante tener en cuenta que a los entrevistadores no les interesante tanto la respuesta, sino la reacción y la forma de manejar la situación. Con esto en mente, nunca pierdas la calma y siempre da muestras de seguridad.

La tercera y última categoría de preguntas tiene un perfil más técnico. Para este caso es difícil elaborar recomendaciones, pues depende mucho del rubro específico en el que se maneja la empresa contratante y la posición a la que estás postulando. En este caso sí es importante enfocarse en brindar una respuesta precisa, pues es el momento idóneo para demostrar que estás técnicamente capacitado para ocupar la posición.

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