Jason McElwain, o J-Mac para sus compañeros, nació con la pelota naranja bajo el brazo. De esa manera, apenas entró en el instituto se sumó a los Trojans, el equipo de basketball del centro educativo. J-Mac trabajó muy duro durante tres años: llevaba las estadísticas, repartía agua, daba ánimo a sus compañeros y se jactaba de una puntualidad poco común. De todas maneras, J-Mac nunca jugaba, y esto se debía a su baja estatura y a su condición de autista. Jason comenzó a hablar recién a los 5 años e incluso en la actualidad presenta dificultades para comunicarse y relacionarse.

La vida de J-Mac cambió radicalmente un 16 de febrero ocasión en que los Trojans disputaban su último partido de la temporada regular. A falta de 4 minutos para la finalización del partido y con 20 puntos de ventaja, el entrenador de los Trojans premiar todo el trabajo y la entrega de J-Mac. Luciendo la camiseta número 52 y con una cinta al pelo, Jason entró a la cancha ante los aplausos de una grada entregada y llena hasta los topes.

A los pocos segundos de ingresar a la cancha, Jason recibió un balón y se jugó un triple que no tocó ni aro. En el siguiente ataque sus compañeros volvieron a asistirle y Jason hizo un tiro cercano a canasta que tampoco entró. Lejos de desanimarse, Jason siguió jugando con convicción. En la tercera posesión que tenían, recibió el balón y se jugó otro triple desde 7 metros, pero esta vez entró. A esta anotación le sucedieron seis triples más, uno sobre la chicarra, y una canasta, haciendo estallar a la hinchada que coreaba su nombre.

En apenas 4 minutos había anotado 20 puntos, el récord en la historia del instituto. Obviamente, al acabar el partido, la grada saltó a la pista para felicitar al héroe del día, que salió del campo a hombros.

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