Cuando el director de cine freelance argentino Sebastián Alfie recibió un encargo desde Bolivia, nunca pensó en lo que iba a terminar esa aventura. El encargo venía de la ONG Ojos del mundo y constaba de un video institucional sobre gente que ha perdido la visión y es operada para volver a ver. Para llevar adelante el trabajo, Alfie necesita una cámara de gran definición que finalmente le es alquilada por Gabor Bene, un ex director de fotografía que en transcurso de su vida quedó ciego.

En el momento en el que se conocen, Alfie se da cuenta que Gabor es un personaje digno de una película, y la hace. Así es que nace el documental Gabor, un film sobre su relación que se generó entre ambos, luego de que Alfie le ofrezca ser el director de fotografía del institucional en Bolivia.

“El tema de la película es ese, pero también es una película con mucha emoción, donde se trata el tema de la ceguera con humor, y eso hace que caigan muchas barreras”, comenta Alfie, al tiempo que afirma que junto a Gabor aprendió que “cuando uno tiene muchas ganas de hacer algo no hay obstáculos, porque esas ganas hacen que te levantes de la cama y salgas corriendo, son ganas que involucran cada célula de tu cuerpo, incluso aunque estés ciego”.
El cineasta, que prepara un largometraje de ficción para filmar en la Argentina, recordó que “temía que el experimento de filmar con un ciego se convirtiera en una cosa circense. Para que eso no pasara, quedamos con Gabor que yo le exigiría a él lo mismo que a cualquier otro director de fotografía, sin ningún reparo. Me di cuenta que soy un tipo bastante más prejuicioso de lo que pensaba, porque creía que yo iba a tener que ser sus ojos y al final fue todo lo contrario. Pese a ser ciego, fue él quien me terminó guiando a mí”.

“Como realizador me llamó mucho la atención que, al trabajar con un ciego, te das cuenta que muchas veces las imágenes, la belleza o la luz pueden ser engañosas. Al trabajar con Gabor entendí que siempre lo primero es la narración, porque la belleza te distrae de la historia que querés contar. En ese sentido, él y su ceguera me dieron una enorme lección”, reconoció el director.

Una de las exigencias de Gabor -y el primer cortocircuito entre ambos- fue filmar con una cámara de cine y no de video, lo cual presentaba un problema de presupuesto pero también de practicidad, ya que iban a filmar en el Altiplano y, según Alfie, “era todo lo contrario a lo que necesitaba en un documental”.

“Una vez más, Gabor tenía razón y lo que captó fue increíble. Él filmó con lentes anamórficos para captar esos paisajes amplísimos del altiplano, y como el corto que teníamos que hacer era sobre la ceguera, para nosotros era importante mostrar todo lo que los ciegos no podían ver, así la gente podía disfrutar de esas imágenes y valorarlas más”, señaló el cineasta.

Si bien hubo dificultades y algunos puntos en los que no se ponían de acuerdo, la película exhibe una relación profesional y de amistad entre ambos muy fresca y relajada, llena de humor: “Esa puerta la abrió Gabor, porque a mi no se me hubiera ocurrido hacer un chiste con la ceguera. Fue él quien empezó a hablar del tema con humor, sacándole cualquier atisbo de solemnidad”.

“Creo que eso es justamente lo que le permitió seguir adelante en su vida a pesar de quedar ciego, porque el tema es duro y no todos pueden lograrlo. Creo que eso se debe a que él puede reírse de lo que le pasa. Esa es un poco la filosofía de Gabor, un trotamundo, un tipo que hizo de todo, vivió la vida, y eso le dio mucha sabiduría. Es esa sabiduría que te la dan los golpes, que es la mejor manera de aprender”, destacó Alfie.

Compartir