“En la década del 30 la expectativa de vida de las personas con trisomía del par 21 era de 14 años. Hoy, es de 60”, informó el Médico Neurólogo Daniel Bistritsky en una jornada sobre Diversidad e Inclusión en la Universidad de Flores, según consigna el diario argentino La Nación.

Este gran avance en la esperanza de vida de las personas con discapacidad se debe fundamentalmente a los avances en la medicina y en la sociedad. Según Bistritsky, la esperanza de vida de las personas son Síndrome de Down “sigue siendo menor que la expectativa de vida de la población general porque hay situaciones de salud propias. El síndrome de Down no es solo retraso mental. Tal vez éste sea el rasgo menos importante. Conlleva malformaciones cardíacas, digestivas, tendencias a enfermedades hematológicas, entre otros problemas”.

Hoy en día, existen números técnicas de detección temprana que ayudan a la constatación anticipada de la semiología Down. De esta forma, el tratamiento puede iniciarse previo a la complicación de la situación, cuando las afecciones se vuelven irreversibles. De todas formas, los cambios en la sociedad también han jugado un papel fundamental en este proceso. “A fines de siglo XIX, el retrasado era visto como un estadio anterior a la propia evolución. Llegó un momento que la palabra mogólico tomó un aspecto despectivo. Recién en la década del ’60 la ONU decidió llamarlo Síndrome de Down”, afirmó Bistritsky.

“Hubo un cambio de consciencia en las últimas décadas acerca de las potencialidades que esas personas tenían, y también hubo un cambio en la familia de mantenerlo en su seno. Aunque todavía es difícil, el Down pasó de una representación social y cultural ultra vergonzante a una de menor medida, con mayor nivel de inclusión social. Son mantenidos en las casas, mandados a colegios, se adaptan, viajan en colectivo, tocan instrumentos. ¿Cambió el cerebro de los Down que se morían a los 14 años de los de ahora? No, pero sí hubo un cambio en la capacidad de aprendizaje. Pero ese cambio no depende exclusivamente de su cerebro sino del contexto social donde se encuentra sumergido, donde se le puede ofrecer una posibilidad de potencia que en otro ámbito no se daba”, concluyó el especialista.

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